Neurobiología de la violencia

Neurobiología de la violencia

Existe un factor genético que predispone a la violencia en ciertos casos.

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El paradigma moral se puede leer a nivel cerebral, en la activación de zonas temporales, indicó la doctora Feggy Ostosrky en su conferencia “Neurobiología de la Violencia” presentada este 18 y 19 de agosto en el Universum Museo de las Ciencias durante el 2do Simposium de Neurociencias Cognitivas de la UNAM.

 

El equipo de la doctora Ostorsky intenta desde hace años descubrir y analizar la relación entre los cerebros y las conductas delictivas de algunos de los presos más peligrosos del país. Menciona que las emociones juegan un papel importante en el desarrollo de la violencia y que las conductas violentas obedecen a factores de riesgo individuales, familiares y sociales

 

Durante su conferencia mencionó que existen dos tipos de violencia:

 

Violencia secundaria: Es aquella en la que no hay consecuencias de conductas violentas debido a que el sujeto presenta alguna condición clínica, como depresión, abuso en sustancias como el alcohol, trastornos psiquiátricos, entre otras.

  • 37% de las personas con depresión reportan irritabilidad y 60% de ellas reportan atacar físicamente a otro. 
  • De entre 40% a 80% de casos de violencia en la salas de emergencia están relacionadas con el abuso de drogas.
  • Diversos estudios muestran que el abuso del alcohol, disminuye los niveles de serotonina, un neurotransmisor encargado de regular los estados de ánimo, lo que provoca un incremento en las reacciones violentas de quién lo consume.

 

Violencia primaria: Este tipo de violencia puede ser provocada por un trastorno antisocial de la personalidad o porque la persona es un psicópata.

 

Emociones de la violencia

 

La doctora Ostorsky indica que también las emociones se dividen en primarias (miedo, tristeza, alegría, repugnancia) o emociones complejas (culpa, orgullo, vergüenza, entre otras).



Las emociones complejas tienen una interacción entre los centros subcorticales del cerebro, lo que genera emociones inconscientes. Pueden ser del tipo de emociones sociales o morales, que están ligadas a intereses del bienestar de la sociedad, como el desprecio, la culpa o la empatía.



En estudios realizados en reclusorios estatales y centros penitenciarios federales de alta seguridad, la doctora Ostorsky y su equipo e investigación analizó a través de resonancias magnéticas funcionales, las respuestas de algunos de los reclusos más peligrosos de México.



Por medio de una colección de imágenes mostradas a los voluntarios presos se observó que en el caso de los psicópatas, no se presentó una diferenciación clara entre las cuatro emociones medidas, que fueron: agradable, desagradable, neutro o repulsivo. No presentan matices.

 

La investigadora y autora de libros como "Mentes asesinas", indica que existe un factor genético que predispone algunos casos de psicopatía. Dichos genes están localizados específicamente e intervienen en los transmisores de emociones. En el caso de que el sujeto violento haya tenido algún abuso durante su infancia, estos se activan, provocando un episodio de violencia.



“Se sabe que el hipocampo y la amígdala cerebral son los encargados de regular la intensidad de la agresión. Pero actualmente se están detectando qué otras áreas del cerebro son las que se activan en la violencia para lograr encontrar un tratamiento médico que lo solucione” señala la especialista.

 

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