Cáncer de esófago

Cáncer de esófago

El cáncer del esófago es una enfermedad que afecta a las células del epitelio del esófago. Existen varios subtipos, aunque la mayoría se caracterizan por la presencia de síntomas como disfagia (dificultad para deglutir o tratar), dolor y pérdida de peso, entre otros; y son diagnosticados por medio de biopsia en el esófago.

 

Constituyen 1% de todos los tumores malignos. El cáncer de esófago tiene mayor incidencia entre los 50-60 años.

 

Síntomas

  • Dificultad al tragar ó dolor (disfagia)
  • Pérdida rápida de peso.
  • Regurgitación ó mucosidad sanguinolenta.

Los tumores pequeños y localizados por lo general son tratados quirúrgicamente, mientras que los tumores avanzados requieren quimioterapia, radioterapia o una combinación de ambos.

 

La disfagia es el primer síntoma que se presenta en la mayoría de las y los pacientes, aunque también puede estar acompañado de odinofagia  (dolor al deglutir).

 

Los líquidos y la comida blanda usualmente son bien tolerados y no presentan problemas al momento de la deglución, mientras las sustancias sólidas o más voluminosas les presentan más dificultad a los pacientes.

 

La pérdida de peso es otra característica del padecimiento, que está relacionado a la pobre nutrición, por la odinofagia, y a la progresión del cáncer.

 

El dolor, quemante la mayoría de las veces, puede ser severo o inclusive agravarse por la deglución. Un signo que se presenta prematuramente es el cambio de voz, que conforme progresa la enfermedad se va volviendo más ronca y rasposa.

 

La presencia de un tumor altera la peristalsis normal (el reflejo de deglución), dando lugar a náuseas, vómitos, regurgitación de la comida y tos, e inclusive de esta manera facilitar la aparición de otros padecimientos como la neumonía, una complicación frecuente.

 

Algunas veces la superficie del tumor puede ser frágil y romperse fácilmente originando sangrados, causando hematemesis (vómitos de sangre). El crecimiento progresivo del tumor puede comprimir estructuras locales derivando en otras complicaciones como el síndrome de la vena cava superior.

 

Con el tiempo se puede desarrollar un fístula entre el esófago y la tráquea, incrementando el riesgo de neumonía, que usualmente es anunciado por la presencia de tos, fiebre o aspiraciones de alimentos.

 

En fases avanzadas, puede haberse extendido y originar otros signos y síntomas como ictericia, ascitis (ambos debido a la metástasis en hígado), falta de aire, derrame pleural (los dos causados por metástasis en pulmón), entre otros.

 

Diagnóstico

 

Evaluación clínica


El examen radiológico con contraste demuestra la presencia de un tumor en aproximadamente el 80% de los casos. Sin embargo, la mejor forma de hacer el diagnóstico es con la esofagogastroscopia, que implica el paso de un tubo flexible por el esófago y visualización de la pared, y mediante esta técnica son tomadas biopsias de las lesiones sospechosas que luego son examinadas histológicamente.



La realización de nuevos análisis se realizan para estimar el estado del tumor. La Tomografía computarizada (TC) de tórax, abdomen y pelvis, puede evaluar si el cáncer se ha propagado a los tejidos adyacentes u otros órganos distantes (especialmente el hígado y los ganglios linfáticos).

 

La sensibilidad de la TC se ve limitada por su capacidad para detectar masas (por ejemplo, ganglios linfáticos agrandados o de órganos involucrados) en general, de más de 1 cm. La exploración por FDG-PET (tomografía por emisión de positrones) se utiliza también para estimar si ampliada masas son metabólicamente activas, lo que indica que crecen más rápidamente que las células que se podría esperar en el cáncer.

 

La eco-endoscopía esofágica puede proporcionar información en escena en relación con el nivel de invasión tumoral, y la posible extensión a los ganglios linfáticos locales.


La localización del tumor es generalmente medido por la distancia de los dientes. El esófago (25 cm o 10 pulgadas de largo) se divide en tres partes, para fines de determinar la localización.

 

Los adenocarcinomas tienden a aparecer en la porción distal, mientras que los carcinomas de células escamosas proximalmente, pero no necesariamente.

Histopatología

La mayoría de los tumores del esófago son malignos. Una proporción muy pequeña (menos del 10%) son leiomiomas (tumor de músculo liso) o tumores del estroma gastrointestinal.

 

Los tumores malignos son en general los adenocarcinomas, carcinomas de células escamosas, y, en ocasiones, carcinomas de células pequeñas. Estos últimos comparten muchas propiedades del cáncer de pulmón de células pequeñas, y son relativamente sensibles a la quimioterapia en comparación con los otros tipos.

 

Tratamiento

 

Salvo algunas excepciones, el tratamiento para la mayoría de los pacientes tiene un fin paliativo.

 

De las múltiples alternativas quirúrgicas existentes, es la esofagectomía transhiatal sin toracotomía la que más se utiliza en los padecimientos obstructivos del esófago.

 

Otras opciones son la esofagectomía por vía toracoabdominal y el abordaje triple con extensa linfadenectomía cervical, mediastinal y abdominal.

 

Claramente estas alternativas tienen un mayor índice de morbimortalidad. Quizá la mejor oportunidad que tengan los pacientes con cáncer del esófago será la combinación de modalidades terapéuticas (cirugía, quimio y radioterapia), en diferentes modelos que hoy en día siguen siendo sometidos a estudios prospectivos controlados.

 

Pronóstico

 

El pronóstico depende más de la biología y estadio del tumor que del tipo de operación empleada. La sobrevida después de resección esofágica es de 20% a cinco años, independientemente de la técnica quirúrgica empleada.

 

Fuentes

 

 

Martin H. Floch. Netter.Gastroenterología. Masson, 2006.

Cortés González Rubén, Villaseñor Caloca Rafael. Cáncer de esófago. Rev Gastroenterol Mex 1997;62(3):149-159.

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