Las carencias emocionales y los hijos

Las carencias emocionales y los hijos

Aprende a hacer un buen manejo de tus carencias emocionales y los hijos.

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Una amiga muy querida me pidió que escribiera sobre la relación madre-hijos. Es un tema que invita a profundas reflexiones y que puede ser abordado desde muy diversos ángulos. Decidí tocarlo desde la perspectiva de las carencias emocionales, porque en mi labor profesional me encuentro con mucha más frecuencia de la que deseo con hijos abusados emocionalmente por sus padres.

 

Me encuentro con hijas que se sienten feas porque sus madres insisten en que adelgacen o simplemente no ven la belleza de sus hijas. Me encuentro con hijos que se saben rechazados porque no son para sus madres lo que ellas necesitan. Jóvenes preocupados por los matrimonios de sus padres, por el trabajo de sus padres, por la soledad de sus madres o por la incapacidad de alguno de sus padres para estar bien.

 

Yo creo que la primera obligación que tenemos al educar a un hijo es la de ser un apoyo seguro. ¿En quién pueden confiar nuestros hijos para adquirir las herramientas que los harán capaces de lograr una buena vida?

 

Normalmente, la etapa de vida de nuestros hijos que más trabajo nos cuesta, es en la que nosotros sufrimos más y no hemos resuelto. Suele suceder que sí tuvimos una adolescencia difícil sintamos temor, rencor y hasta envidia de la adolescencia de nuestros hijos.

 

 

Lo mismo ocurre sí estamos insatisfechos con nuestras vidas: entonces no queremos que crezcan, que se vayan, que nos dejen. Manipular a los hijos es fácil y también común. Reclamarles por lo que hacemos por ellos también. Debemos ser mucho mejores que eso. Facilitarles el camino teniendo respeto y admiración por ellos.

 

Cuando hay sobreprotección en realidad estamos demasiado identificados con ellos y a quiénes estamos protegiendo es a nosotros mismos: del temor a que no nos quieran. Nuestro deber es educarlos. No impedirles que crezcan o resolver lo que ellos pueden hacer por ellos mismos. Nada más dañino que cortarles las alas y hacerlos seres débiles.

 

La relación con las hijas es muy diferente que la relación con los hijos. En general, la relación con el hijo del sexo opuesto es la relación más fácil. Las influencias de la cultura ayudan a que para la madre sea mucho más sencilla la relación con su hijo que con su hija.

 

Sin embargo, es necesario distinguir claramente entre el amor y la dominación. Entre el amor y el control. No cruzar jamás la línea del respeto. No vivir nuestra vida a través de ellos. Dar apoyo, esperanza, creer en ellos y exigirles todo lo que sí pueden dar. Reconocer que no están para satisfacer nuestras necesidades emocionales, ni para resolver lo que nosotros no hemos logrado hacer

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